Ha publicado artículos y poemas en revistas literarias como Extramuros, Elvira, Letra Clara, Caleidoscopio, Jizo y Contra Tiempo, de cuyo consejo de redacción ha sido miembro, y colaboraciones de crítica literaria en el suplemento El Jueves Literario de La Opinión de Granada.
En 2004 edita su primer libro, La hora violeta (Ayuntamiento de Granada) y en 2006 Morning Blues en la editorial Cuadernos del Vigía.
POEMAS
* * *
En la noche cuadrada
a la hora violeta del reencuentro
Penélope se suelta los cabellos, los lazos de la blusa
y desteje despacio una canción azul.
Sus largas hebras dictan un nombre sobre el lecho
mientras ella se mece bajo el árbol talámico
con una extraña fruta entre los labios
y una gota en sus pechos de virgen primigenia.
Penélope del mar del algodón,
noche a noche deshilas tu tristeza
a la luz de las velas, tienes
el corazón desmadejado y la voz de café.
El propósito falso de tu día
es un blues deshilvanado cuando llega la tarde
y tu voz es redonda y negra como el hueco
de la trompeta dorada del viejo Webster Baker.
Penélope, ¿hasta cuándo el inmenso telar de tu desvelo
si nunca más llegaron noticias de los barcos?
Mientras cantan los pájaros
sostienes dos agujas en señal de derrota.
Tomó las suaves plumas
y se elevó tan alto como el aire,
mas no cayó, al contrario,
el sol lo dibujó en el horizonte
y nunca más supieron los océanos
de su desnudo pie rasgando el agua.
Fui yo quien inventó su muerte,
porque la espera es sed,
un cántaro quebrado;
un rumor de miradas
urgentes de la última canción
-en mitad del silencio Nora Williams
estira eternamente el cable del micrófono-.
No queda más opción,
a veces, que marcharse
o escribir un final
para la sinfonía inacabada,
para el blues triste y solitario,
la subjetiva crónica
de nuestra rendición.
De Morning Blues
a la hora violeta del reencuentro
Penélope se suelta los cabellos, los lazos de la blusa
y desteje despacio una canción azul.
Sus largas hebras dictan un nombre sobre el lecho
mientras ella se mece bajo el árbol talámico
con una extraña fruta entre los labios
y una gota en sus pechos de virgen primigenia.
Penélope del mar del algodón,
noche a noche deshilas tu tristeza
a la luz de las velas, tienes
el corazón desmadejado y la voz de café.
El propósito falso de tu día
es un blues deshilvanado cuando llega la tarde
y tu voz es redonda y negra como el hueco
de la trompeta dorada del viejo Webster Baker.
Penélope, ¿hasta cuándo el inmenso telar de tu desvelo
si nunca más llegaron noticias de los barcos?
Mientras cantan los pájaros
sostienes dos agujas en señal de derrota.
Tomó las suaves plumas
y se elevó tan alto como el aire,
mas no cayó, al contrario,
el sol lo dibujó en el horizonte
y nunca más supieron los océanos
de su desnudo pie rasgando el agua.
Fui yo quien inventó su muerte,
porque la espera es sed,
un cántaro quebrado;
un rumor de miradas
urgentes de la última canción
-en mitad del silencio Nora Williams
estira eternamente el cable del micrófono-.
No queda más opción,
a veces, que marcharse
o escribir un final
para la sinfonía inacabada,
para el blues triste y solitario,
la subjetiva crónica
de nuestra rendición.
De Morning Blues
* * *
Cae un pájaro
como una constelación
desprendida del cóncavo
navío de la noche.
Un contorno de luz
se dibuja en la mano
del que protege:
incandescente mapa,
estigma luminoso,
deja a los barcos sin estela
y a las aves sin guía.
Y no amanece
porque la Aurora aún duerme
un sueño de ginebra en las esferas
bajo la mano protectora.
De Morning Blues
como una constelación
desprendida del cóncavo
navío de la noche.
Un contorno de luz
se dibuja en la mano
del que protege:
incandescente mapa,
estigma luminoso,
deja a los barcos sin estela
y a las aves sin guía.
Y no amanece
porque la Aurora aún duerme
un sueño de ginebra en las esferas
bajo la mano protectora.
De Morning Blues
* * *
Tomó las suaves plumas
y se elevó tan alto como el aire,
mas no cayó, al contrario,
el sol lo dibujó en el horizonte
y nunca más supieron los océanos
de su desnudo pie rasgando el agua.
Fui yo quien inventó su muerte,
porque la espera es sed,
un cántaro quebrado;
un rumor de miradas
urgentes de la última canción
-en mitad del silencio Nora Williams
estira eternamente el cable del micrófono-.
No queda más opción,
a veces, que marcharse
o escribir un final
para la sinfonía inacabada,
para el blues triste y solitario,
la subjetiva crónica
de nuestra rendición.
De Morning Blues
y se elevó tan alto como el aire,
mas no cayó, al contrario,
el sol lo dibujó en el horizonte
y nunca más supieron los océanos
de su desnudo pie rasgando el agua.
Fui yo quien inventó su muerte,
porque la espera es sed,
un cántaro quebrado;
un rumor de miradas
urgentes de la última canción
-en mitad del silencio Nora Williams
estira eternamente el cable del micrófono-.
No queda más opción,
a veces, que marcharse
o escribir un final
para la sinfonía inacabada,
para el blues triste y solitario,
la subjetiva crónica
de nuestra rendición.
De Morning Blues
* * *
Le aguardas, sonriente,
su aliento por tu cuello,
el juego que te excita
de su tacto, su gesto inquisitivo.
Mientras, la claridad
sorprende los rincones de las dudas
y deja al descubierto
lugares ya olvidados,
hitos del caminante que recorrió tu cuerpo.
De La hora violeta
su aliento por tu cuello,
el juego que te excita
de su tacto, su gesto inquisitivo.
Mientras, la claridad
sorprende los rincones de las dudas
y deja al descubierto
lugares ya olvidados,
hitos del caminante que recorrió tu cuerpo.
De La hora violeta
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