jueves, 11 de octubre de 2007

RUBÉN MARTÍN (Granada, 1980)



Rubén Martín (Granada, 1980) fue miembro del consejo editorial de Contra Tiempo y ha publicado poemas y artículos en revistas como Oniria, Salamandria, Parnaso, Re:Viste o Mester de Vandalía. Ha sido seleccionado en las antologías Poesía por venir (Renacimiento, 2004) y Andalucía Poesía Joven (Plurabelle, 2004). Sus poemas han aparecido asimismo en publicaciones colectivas como Agua (en colaboración con la fotógrafa Llanos Gómez), Palabras sobre palabras (Asociación Cultural La Tertulia, 2003) y en la plaquette monográfica Interferencias (la misma editorial, 2003).

Ganador del certamen Andalucía Joven de 2006, Radiografía del temblor (Renacimiento, 2007) es su primer libro de poemas.




Poemas




NO MÁS SÚPLICAS (PRELUDIO)

No más súplicas.
Que tan sólo nos eclipse nuestra carne
y se nos caigan las luces al suelo.
Ven, a oscuras,
el silencio hecho tacto por delante;
dibújame en la piel un sótano, una ausencia,
un grito en la espina dorsal, un camino a casa.
Que ese camino nunca termine.
Que el miedo no se acueste entre nosotros.



PALABRA Y UTOPÍA


Sentían en la piel una presión, el avecinamiento de un terror que apenas si podía ser pensado; y sin embargo real como sus huesos. Decidieron refugiarse uno en el otro, igual que la palabra se refugia en el desesperado trazo de la tinta.
“¿Quién es esa a la que llamas tu asesina?”. “No lo sé, pero a veces puedo intuir sus ojos en tus ojos”. “Y yo las líneas de su cuerpo, en tu escritura.”



***

RADIOGRAFÍA DEL TEMBLOR


La punta de una aguja
se aproxima
a tu pupila; la sientes contraerse,
desafiar el miedo imitando su filo,
aceptando sus reglas. Movimiento
invisible, de tan lento, de tan ínfimo:
¿A cuánto tiempo aspiras? ¿Una vida,
unos milímetros, un mundo?
Y la aguja
parece no avanzar, y tu mirada
va pactando en secreto, con paciencia infinita,
el encuentro final de acero y ojo.





MATAR EL TIEMPO


Encontré a mi asesina a medianoche.
De pie junto a la cama, a contraluz,
sus ojos sonreían
como hielo en la sangre. Eran sus labios
un exceso de sombra, apenas entreabierta;
y todas mis palabras
no imitan sino el trazo de sus muslos.
La ciudad y la fiebre nos dejaron a solas,

bajo la lluvia negra: “No te asustes.
He venido hasta aquí para matar el tiempo
y verte copular con su cadáver”.

(De Radiografía del temblor, Renacimiento, 2007)


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